Anne Sexton. Vive o muere. Vitrubio. 19,80
Escribe Ainoa Sáenz de Zautegui, en su reseña de El Cultural, que Anne Sexton (1928-1974) “llegó a la poesía como otros llegan al Prozac: por prescripción de su psiquiatra. Esta ex modelo reconvertida en genio de la literatura universal nos observa desde la portada de este Pulitzer 1967 con el cigarrillo en la diestra y la inteligencia de Dios en la mirada”.
Anne Sexton medía uno noventa y pesaba cincuenta y pocos kilos, de joven quiso ser modelo pero no pasó de las promociones en grandes almacenes. A la poesía llegó tras el nacimiento de su segunda hija, Joyce (1955), cuando se le diagnosticó una depresión posparto, protagonizó varios intentos de suicidio, la última de ellas (1957) por sobredosis de Nembutal al que Anne llamaba ‘Mátame’. Martin Orne, el psiquiatra que la trató en aquellos años, escribe en el prologo de su biografía (editada en español por Circe): “La viva descripción que me hizo de su total incapacidad para llevar la vida que los demás exigían de ella me conmovió. Se sentía impotente para hacer tanto de de esposa como de madre”, al parecer le dijo que sólo valía para ser prostituta y hacerle a un hombre sentirse viril. Orne le puso como tarea que plasmara sus experiencias por escrito para que llegase a comprenderse. Comenzó a escribir, se apuntó a un taller de poesía, poco después (1958) acudió al que impartió Robert Lowell, el padre de la ‘poesía confesional’.
En ABCD, Jaime Siles, en su reseña ‘Notas de suicidio’ Anatomía del fracaso y del suicidio’ : “La inclusión de experiencias muy íntimas, sin asomo de tabú, desbordó a la crítica más conservadora. Menstruación, adulterio, incesto, aborto, adicción a las drogas y a los psicofármacos cohabitan en la poesía de Anne Sexton con un marcado carácter femenino. La desnudez es absoluta. Pero bebe también en el surrealismo. De algo le sirvió tanto psicoanálisis (amén de compartir catre con uno de sus terapeutas). El mundo de los sueños está omnipresente. Su habilidad para fabricar imágenes rayanas con la locura proviene de su escasa facultad para distinguir fantasía y memoria”.
Basta repasar algunos títulos de sus poemas: ‘Aborto’, ‘Menstruación a los cuarenta’, ‘En celebración de mi útero’.
Anne Sexton y Sylvia Plath se conocieron en el taller de Lowell, y se hicieron inseparables, nos lo cuenta, en El País, Javier Rodríguez Marcos, se titula su artículo "Los versos de un cóctel suicida’(): “A Sexton le duró toda la vida la fascinación por Plath, con la que se iba beber martinis al Ritz después de las clases. Cuando ésta se suicidó en 1963, Sexton escribió uno de sus poemas más famosos, La muerte de Sylvia, incluido en el libro Vive o muere…”
Oh Sylvia, Sylvia,
con una caja muerta de cucharas y piedras,
con dos hijos, dos estrellas fugaces
errantes en el pequeño cuarto de juegos
con tu boca en la sábana,
en la viga del techo, en la necia oración,
En la reseña de El Cultural, Sáenz de Zaitegui escribe: “nadie ha soñado nunca el suicidio con tanta belleza como ella. Ni siquiera Sylvia Plath: “¿qué es tu muerte / sino una vieja pertenencia, / un lunar que cayó / de uno de tus poemas?” (‘La muerte de Sylvia’). Son danzas macabras que suenan a cielo (“Nadé –aunque la marea entraba como diez mil orgasmos”), a pas à deux entre un fin deseable y unos medios perfectamente razonables: “los suicidas tienen un lenguaje especial./ Como carpinteros, quieren conocer con qué herramientas./ No preguntarán por qué construir. / Me he afirmado dos veces con facilidad, / he poseído al enemigo, he comido al enemigo, / he aprendido su arte y magia” (‘Querer morir’). Tras 46 años de persecución, Sexton dio caza a la Parca. De nada le sirvieron a la pobre reputación ni guadaña. No cuando los pulmones revientan de monóxido de carbono de tubo de escape. Y, más allá del non plus ultra, la epifanía: “No hay noticias en el miedo / pero al final es el miedo / el que te ahoga” (‘Imitaciones del ahogamiento’)”.
El final se lo copio a Rosa Mora: “Se quitó los anillos, los dejó caer en el monedero grande y del armario ropero sacó el viejo abrigo de pieles de su madre. Con un vaso de vodka en la mano, se metió en el garaje y cerró las puertas tras ella. Se sentó en el asinto del conductor de su viejo Cougar rojo. Puso el motor en marcha y encendió la radio”.
En Internet tenemos su voz recitando algunos poemas, y la tenemos a ella entera, en algunos vídeos, que nos dejan enamorarnos, visítenla.
Y tenemos su obra, la antología ‘El asesino y otros poemas’ (Icaria) y el libro que ahora aparece, ‘Vive o muere’ (Vitrubio), que le valió el Pulitzer de 1067 y que está considerado como uno de los poemarios más importantes del siglo XX. En breve la editorial Linteo publicará ‘Poemas de amor’, libro de 1969
El final de la aventura es siempre la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te encuentra ausente. Horrorizo
a aquellos que están cerca. Estoy saciada.
De noche, sola, desposo la cama.
Dedo a dedo, ahora es mía.
Ella no está lejos. Ella es mi encuentro.
La sacudo como a una campana. Me reclino
en la enramada donde tú solías montarla.
Me tomaste prestada sobre las sábanas floridas.
De noche, sola, desposo la cama.
…
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